Acompañar a directivos | ¡Un testimonio real!

Acompañante para una buena velada: ¿por qué no?
Me llamo Lucía y estoy en paro. Mi jefe me despidió hace tres meses y desde entonces no encuentro un trabajo adecuado. Hacía tiempo que mi empleo había dejado de gustarme. A diario me pasaba 11 horas atrapada en la oficina. Las horas extra eran lo normal y nadie podía oponerse.Así no podía seguir y decidí que, a partir de entonces, recogería mis cosas pasadas nueve horas. Mi jefe me despidió con estas palabras: «Ahí fuera hay cinco esperando tu puesto». Por un lado estoy aliviada; por el otro, es una catástrofe.
[caption id="attachment_470" align="alignright" width="300"]
Acompaña a un directivo.[/caption]
Posibles motivaciones:
- Ganas de aventura.
- Necesidad de dinero.
- Ganar mucho dinero de forma fácil y rápida.
- Conocer gente nueva.
- Necesitas reconocimiento.
Mi anuncio: acompañar a directivos
Se me ocurrió poner un anuncio. «Acompañar a directivos» era el lema. Publiqué el anuncio en 5 grandes periódicos diarios de todo el país. Y, efectivamente, llegaron varias solicitudes. Ni siquiera tenía definido mi planteamiento y ya había tenido las primeras conversaciones previas por teléfono.Me guié por mi intuición y decidí quedar con tres hombres. Mi tarifa era de 80 euros la hora más gastos. Lema clarísimo: nada de sexo. Dos de mis posibles clientes mostraron interés y quisieron contratar mi servicio de acompañamiento.
Fue mi gran oportunidad: «acompañar a directivos»
No podía imaginar que así llegaría a un trabajo de ensueño. Ya en mi primer encargo conocí a quien sería mi futuro jefe. Director financiero de un gran grupo empresarial, buscaba una nueva asistente. Me entusiasmé, sobre todo con mi nuevo lugar de trabajo. Me destinaban a Barcelona. Barcelona es mi ciudad soñada y casi no podía creérmelo.Tres semanas después empezó mi nuevo trabajo. Durante los primeros cuatro meses hice la ruta de ida y vuelta, y después hice las maletas y me mudé a la ciudad de la Barceloneta. Me encanta esta ciudad, aunque todavía no he encontrado amigos.
La semana que viene empiezo en un gimnasio y quiero apuntarme a clases de baile de salsa. Supongo que haré nuevos amigos.
Con mi jefe la cosa funciona de maravilla y hemos acordado total discreción. Es justo y mi sueldo es estupendo. Tengo una jornada regular de 8 a 9 horas y hemos acordado que me quedo más tiempo si él me necesita. Cuando él está de viaje, puedo irme a casa a las 14 h. Nos tenemos una confianza mutua enorme.
¡Está bien probar cosas! En la vida, una cosa es segura: todo cambia constantemente.